La Dama
En la cima de la montaña de la vida, sentado un día el arcano estaba; a su lado misteriosa dama aparece, crispadas sus manos sin edad y con mirada de acero; fría y penetrante, al arcano inquiere con desesperada cuestión; “dame uno de tus inventados suicidios, o improvísame el que a mis afanes convenga.” Habla el arcano de pócimas mortíferas, de puñales que cabello cortan, se menciona la vulgar soga al cuello; la cuenta continua y así la noche pasa perezosa frente a ellos, con uno que habla y otra que escucha; en materia de suicidio se va de lo simple a lo sofisticado, se baraja lo conocido y se inventan mil medios de auto destrucción…
La dama en cuestión, con desaliento exclama: “estoy cansada…alguien me llama” y se desvanece tal como apareció; el arcano que aun no levantaba la vista del tapete verde de una pradera, presto recoge algo y grita: “Señora, se le olvido su…guadaña!”.
Alicia Medrano
1985